Lunes 18.11.2019
Actualizado hace 10min.
TEMAS

    "Queremos pedir por la unidad del pueblo argentino"

    Se realizó en el Santuario de El Challao la celebración de la VIRGEN DEL ROSARIO, bajo el lema UNA IGLESIA EN CAMINO FRATERNAL Y MISIONERO. 

    COMPARTÍ ESTA NOTA

    HOMILÍA EN LA FIESTA DIOCESANA. 

    Mis queridos hermanos, Invitados por nuestra Madre del Rosario, venimos a su casa en el Santuario del Challao para celebrar nuestra fe en Jesucristo, el Señor, nuestro buen Pastor. “Bautizados y enviados” en el contexto del octubre misionero para toda la Iglesia, nos sabemos portadores de una Buena Noticia para testimoniar y compartir. Como los Apóstoles, hemos venido a rezar junto a María, en profunda comunión con toda la Iglesia, que hoy comienza el Sínodo de Obispos sobre el Amazonas, para reflexionar con todos los protagonistas, a la luz de la Palabra y animados por el Espíritu Santo, sobre la problemática del cuidado de nuestra Casa Común y la atención pastoral de los pueblos que integran esa vasta región en el corazón del continente y del mundo. Esta mañana recordaba el Santo Padre que “muchos hermanos y hermanas en Amazonia llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia.” Y nos insistía: “Por ellos, con ellos, caminemos juntos.” Traemos también en nuestra oración, la situación de nuestro país; fundamentalmente queremos pedir por la unidad del pueblo argentino, más allá de las diferencias, por los más pobres, por los que pierden su trabajo, por el cuidado de la vida en todas las etapas y en todas las situaciones. El sí de María a la vida nueva del Redentor, compromete nuestro propio sí, generoso, valiente y fiel como el de Ella. Traemos las intenciones, las necesidades, los sueños, las esperanzas y los proyectos de las comunidades que integran nuestra arquidiócesis. En el camino que hemos iniciado para el discernimiento pastoral de nuestra misión, ¡cuánta alegría nos da la activa participación de tantos hermanos nuestros, familias y jóvenes, en las distintas iniciativas evangelizadoras! Queremos pedir al Señor para que nos ayude a profundizar en el servicio solidario de nuestras Cáritas y las áreas pastorales relacionadas con la gente en situación de calle, los migrantes, las víctimas de las adicciones y la trata de personas, con la pastoral de la salud y la pastoral carcelaria. ¡Hay tantas ganas y tantos buenos servidores en estos espacios en los que queremos seguir creciendo bajo la atenta mirada del Señor! 1. Caminemos juntos. Desde el comienzo del año venimos reflexionando acerca de nuestra vida eclesial, que se proyecta en un camino fraterno y misionero, para ser siempre la Iglesia del Señor, de los bautizados y enviados que salen al encuentro de su Dios. En las jornadas diocesanas de marzo y setiembre, en los encuentros decanales, en las distintas asambleas y reuniones parroquiales hemos disfrutado la alegría de pertenecer al Pueblo de Dios, reconociéndonos peregrinos en la misma dirección: Testimoniar a los hombres nuestros hermanos, con nuestra vida, que Cristo ha muerto y resucitado para salvarnos. Como nos enseñaba el Papa esta mañana: “Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala.” Fundamentalmente queremos encomendarle al Señor en este camino sinodal, fraterno y misionero, que nos dé la gracia de escucharnos, de reflexionar juntos sobre la vida de nuestra Iglesia en Mendoza, profundizando en la dinámica del Concilio Vaticano II de la que no podemos apartarnos sin traicionar ese don de Dios: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia. que nos llama a asumir los gozos y las esperanzas de los hombres (…) No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.” (Gaudium et Spes, 1 y 3) 2. Conversión pastoral y audacia evangélica. A lo largo de este tiempo hemos visto la necesidad de seguir dando pasos hacia una mayor comunión eclesial. Esto implica una fuerte conversión pastoral en nuestras estructuras eclesiales, con una mayor interacción entre pastores y fieles, para responder con eficacia a la llamada misionera del Señor. Si la conversión pastoral nos pide dejar atrás todo lo que estorba a la misión, hoy debemos además fortalecer cuanto tenemos en materia de consejos parroquiales y equipos pastorales para dinamizar la presencia evangelizadora en una sociedad que atrasa cuando pretende construir ignorando la dimensión trascendente de hombres y pueblos, que empieza a morir cuando se vuelve intolerante a la dimensión religiosa del hombre e indiferente a los problemas concretos y reales de los hombres. La conversión pastoral implica para nosotros dejar de pensar solamente en el “adentro” de nuestras instituciones, para animar una Iglesia en salida que no deja de proclamar que el Señor ha hecho en ella grandes cosas. Enamorada de Dios y de su Pueblo, busca a todas las periferias para no quedar encerrada en la trampa de una autorreferencialidad asfixiante, que sólo busca lamerse las propias heridas en vez de ponerse al hombro, samaritanamente, a los caídos en el camino, en todos los caminos. Y para ello necesitamos vivir la audacia que brota del seguimiento convencido del Señor, para salir y no quedarnos preocupados de cómo no fallar, de cómo no ensuciarnos, de cómo pasar desapercibidos, mirando para otro lado… Esa audacia evangélica no oculta los errores que cometemos quienes formamos la Iglesia, pero sabe que tiene mucho más para dar que para guardarse. Esa audacia nos debe encaminar hacia una nueva visibilidad de la Iglesia mendocina, donde predomina el servicio que integra, que acompaña, que sostiene. Apenas recibe la buena noticia de la Encarnación, María se encamina para servir a su prima Isabel, para compartir con ella la gran alegría de la salvación de los hombres. Allí estábamos nosotros, en el corazón de María; allí estamos hoy cuando queremos amar y servir. 3. A los cuarenta años del Congreso Mariano de Mendoza Pronto comenzaremos el Año Mariano Nacional en vistas a prepararnos para celebrar en Catamarca el Congreso Mariano Nacional. Hace cuarenta años tenía en lugar aquel Congreso Mariano Nacional que honró a la Iglesia mendocina y le permitió acoger miles de peregrinos de todo el país. Muchos recuerdan aquel acontecimiento y las distintas circunstancias que lo caracterizaron, la importancia que revistió para esta Iglesia mendocina, en particular en sus frutos más preciados, entre los cuales despunta con toda nitidez la construcción del Seminario Arquidiocesano y la formación sacerdotal que en adelante allí se impartiría. Hoy vuelvo a poner aquí, en el Challao, en las manos de María, nuestra Madre del Rosario, la vida de nuestro Seminario, de sus jóvenes y sus formadores. Para que Ella ayude a decir sí a quienes hoy el Señor ya está llamando. Que, durante este nuevo Año Mariano, mientras evocamos aquel otro de hace cuarenta años, sigamos caminando bajo la mirada del Señor, fortaleciendo la formación de nuevos ministerios eclesiales y la corresponsabilidad de todos los bautizados en la misión de la Iglesia. Una Iglesia de todos, con todos, para todos. La Iglesia del Señor. La Iglesia de los Apóstoles junto a María, nuestra Madre del Rosario que nos dice una y otra vez con más insistencia que en Caná en las urgencias de este tiempo: “Hagan lo que Él les diga.”

    Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo