Lunes 20.01.2020
Actualizado hace 10min.
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    La malnutrición, datos y seguimiento de la OMS

    Segunda parte del informe de la OMS sobre la malnutrición en el mundo.

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    Una alimentación de calidad reduce el riesgo de malnutrición en todas sus formas dado que favorece el crecimiento saludable, el desarrollo y la inmunidad, y previene la obesidad y las enfermedades no transmisibles (ENT) a lo largo de la vida. Los componentes de una alimentación sana son: prácticas óptimas de lactancia materna en los dos primeros años; diversidad y abundancia de frutas y hortalizas, cereales integrales, fibra, frutos secos y semillas; cantidades modestas de alimentos de origen animal; cantidades mínimas de carnes procesadas y de alimentos y bebidas de alto contenido calórico, así como de alimentos en los que se haya añadido azúcar, grasa saturada, grasa trans y sal. 

    «Los problemas de malnutrición emergentes son un indicador inequívoco de que las personas no están protegidas contra los factores que fomentan la mala alimentación. Los países de ingresos bajos y medianos más pobres asisten a una transformación rápida en la forma de comer, beber y moverse en el trabajo, el hogar, el transporte y durante el tiempo libre», señala uno de los autores del informe, el profesor Barry Popkin, de la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.). «La nueva realidad nutricional se debe a los cambios registrados en el sistema alimentario, que han incrementado la disponibilidad de alimentos ultraprocesados. Estos alimentos están vinculados a un mayor aumento de peso y además afectan negativamente a la alimentación de los lactantes y los niños en edad preescolar. Entre esos cambios cabe citar: la desaparición de los mercados de alimentos frescos, el mayor número de supermercados y el control que ejercen sobre la cadena alimentaria de muchos países los supermercados y las compañías agrícolas, alimentarias y de preparación de comidas de ámbito internacional». 

    La exposición a la desnutrición en los primeros años de vida, seguida por el sobrepeso a partir de la niñez, incrementa el riesgo de padecer diferentes enfermedades no transmisibles, lo que provoca que la doble carga de malnutrición sea un importante factor que propicia la aparición de epidemias mundiales de diabetes de tipo 2, hipertensión, accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiovasculares.  Los efectos negativos pueden además transmitirse de una generación a otra: por ejemplo, el efecto de la obesidad materna en la probabilidad de que el niño sea obeso puede exacerbarse si la madre estuvo subalimentada en las primeras etapas de su vida. 

    Pese a los vínculos fisiológicos, en las medidas para abordar todas las formas de malnutrición no se han tenido en cuenta por lo general estos ni otros factores importantes, como la nutrición en la primera infancia, la calidad de la alimentación, los factores socioeconómicos y los entornos alimentarios.  Además, se dispone de algunas pruebas de que los programas contra la desnutrición han incrementado involuntariamente los riesgos de obesidad y de ENT relacionadas con la alimentación en los países de ingresos bajos y medianos, en los que los entornos alimentarios cambian rápidamente. 

    Si bien es fundamental mantener esos programas contra la desnutrición, deben rediseñarse para que no causen daño. Los programas actuales contra la desnutrición prestados actualmente a través de los servicios de salud, las redes de seguridad social, los entornos educativos y los sistemas agrícolas y alimentarios ofrecen oportunidades para abordar la obesidad y las ENT relacionadas con la alimentación.   

    En el informe se presenta un conjunto de «medidas de doble finalidad» que previenen o reducen a la vez el riesgo de deficiencias nutricionales que desembocan en insuficiencia ponderal, emaciación, retraso del crecimiento o deficiencias de micronutrientes, y el riesgo de obesidad o ENT, utilizando la misma intervención, programa o política. Entre esas medidas se incluyen desde mejores prácticas de atención prenatal y de lactancia materna o políticas de bienestar social, hasta nuevas políticas para la agricultura y los sistemas alimentarios cuyo objetivo principal es una alimentación saludable. 

    «En la nueva realidad nutricional, aplicar las mismas medidas de siempre no funciona. La buena noticia es que existen oportunidades excelentes de utilizar las mismas plataformas para abordar formas diferentes de malnutrición. Ahora es el momento de aprovechar las oportunidades de aplicar ‘medidas de doble finalidad’ para obtener resultados», declaró la profesora Corinna Hawkes, del Centro de Política Alimentaria de City University, Universidad de Londres (Reino Unido). 

    Con el fin de gestar los cambios sistémicos necesarios para poner fin a la malnutrición en todas sus formas, los autores hacen un llamamiento a los gobiernos, las Naciones Unidas, la sociedad civil, el sector académico, los medios de comunicación, los donantes, el sector privado y las plataformas económicas para que luchen contra la doble carga de malnutrición y den cabida a nuevos agentes, como las organizaciones de base, los agricultores y sus sindicatos, los líderes religiosos, los defensores de la salud del planeta, los innovadores e inversores que financian compañías justas y ecológicas, los alcaldes y las asociaciones de consumidores.  

    «Dada la economía política de los alimentos, la mercantilización de los sistemas alimentarios, y las pautas crecientes de desigualdad en todo el mundo, la nueva realidad nutricional requiere una mayor comunidad de agentes que trabajen a escala mundial de forma interconectada y se refuercen mutuamente», señala el Dr. Branca. «Sin una transformación profunda de los sistemas alimentarios, los costos económicos, sociales y medioambientales de la inacción entorpecerá el crecimiento y el desarrollo de las personas y las sociedades durante décadas».